viernes, 7 de agosto de 2009

¿Será sobre el discurso del Intendente Felpeto de Villa Carlos Paz?

El Tío Carlos, la sopa de letras y yo
No hemos nacido sólo para nosotros

Ayer sabático. El Tío Carlos, personaje extravertido (no travestido) inquilino de una gran casa que, pese a que dispone de incalculable fortuna, las expensas de la misma y un estipendio, la pagamos sus vecinos; me invitó entre otros, a degustar sopa de letras que él mismo cocina. El ágape se da por un honor costumbrista, cual la de reunirse cada año al iniciarse la temporada de caza, en la que intervienen once representantes de los vecinos y eligen uno entre sí para… bueno… la verdad no sé para qué, pero es una elección importante para ellos. Sabido que la pieza a cazar siempre es y ha sido grande. Existe puja…
Fui. La sala comedor estaba preparada para la ocasión. Su arribo -la del Tío Carlos- tardó cuarenta minutos. A cada lado del proscenio se ubicaron convidados especiales -los once- sumados a ellos estaban asalariados funcionales al anfitrión, sirvientes menores y nosotros, vecinos, hambrientos de sopa de letras. A la hora señalada, protocolarmente hizo su entrada -el Tío Carlos- amparado en un extraño silencio, sin un solo aplauso. ¿Daños o desgaste en el aplausómetro?
Se ubicó -el Tío Carlos- y un siempre listo le alcanzó la sopera, muy parecida a un libro estuchado, que abrió -el Tío Carlos- y empezó, luego de saludar a todos y a quienes no estaban también (policía y clero) a repartir letras y más letras. A media hora de verborrea sopera, invitados especiales, vecinos y asalariados, comulgaban un solo pensamiento intrigante: ¿Cuándo terminará con la sopa de letras? Pregunta que, al no ser respondida por íntima, empezó a picar en asentaderas. Olvidó -el Tío Carlos- que de todos los caminos, el más corto es el mejor.
Disimuladamente primero y sin pudor después, la sala sillada empezó a dejar ausencias. ¿Ausencias?
Notable la de sus hijos putativos, los de la CORPI (Corporación Integral) no vi a ninguno. ¿Creyeron en brindis con agua? En alerta amarilla… aquí y acullá. Sigo.
Transcurrido sesenta minutos de engullir sopa de letras y a punto de un ataque cerebro/intestinal, opté por abandonar, al igual que tantos (tantos, no tontos) lo que supuse iba a ser banquete.
La mayoría de los invitados, excepto los convivientes -con el Tío Carlos- se imaginaron un banquete símil a mensaje; pero la sopa de letras se convirtió en engrudo, símil de inventario, desabrido, con olor a sumo y zumo de ego. Comidas así, de este tipo, parecen más una orgía de letras que sopa digerible. Apropiado al frío de estos días, debiera haber sido cocinada en hornallas de la razón, pero estaba tan fría que más que sopa se nos sirvió gazpacho.
Discursantes: a los veinte minutos cuesta concentrarse; a los treinta estás ido; a los cuarenta imposible atender, menos entender; a los cincuenta duele. Disertantes: Ustedes, más amenos, no hacen la del Tío Carlos. Ustedes no tienen asesores. Él, -el Tío Carlos- no los acepta: es él, primero y a los premios… ¿Consejos? ¿Opinión? No, qué va…! Autismo! Pensé: nada va bien en un gobierno en el que las palabras contradicen a los hechos.
Tomar contacto con el aire puro, ya fuera de la sala, fue encontrarme con tantos vecinos y dependientes -del Tío Carlos- que tuve que pedir permiso para retirarme del palacete que le arrendamos -al Tío Carlos-. Discurría: no basta con leer, es preciso digerir lo que se lee.
Recomiéndole -al Tío Carlos- que tiene dos años más de arriendo y para los que le subsigan, que en similares circunstancias, cuando cambien de sillón el presidente de los once, se nos brinde un banquete, de sopa de letras, pero banquete, es decir que sea preparada en fogata ciudadana, por respeto a todos. Sea breve y será banquete. Si quiere que conozcamos los ingredientes de «su» sopa de letras, bríndela en un tapper parecido a una publicación, folleto, encarte, impreso, opúsculo, prospecto o publicación. Da igual… total…
Cuando dispongamos de tiempo, lo consideremos útil o de pura curiosidad vecinal; leeremos su contenido, o no, según la importancia que le asignemos a «su» inventario de obras, gestiones y demás menesteres a que usted -Tío Carlos-, está obligado. La concreción de obras y servicios es tarea suya, su obligación juramentada, no el de empeñarse en demostrarnos su egocentrismo. Ya lo conocemos. Cavilaba: Nunca se ha abusado más que hoy de las palabras para ocultar la verdad.
Tío Carlos: si le gusta escucharse, si su hobbie es engrudarse con sopa de letras, si disfruta de «su» inventario, si tiene necesidad de masturbación intelectual, absténgase de invitarnos a sufrir otra sopa de letras. Con imprimir un librito, basta. ¡Basta! Se le tiene por hábil… en el mundo suele llamarse habilidad a la falta de vergüenza.
Leí: Si hay una relación no armónica entre el impulso a la comunidad y el impulso de poder, se genera una persona neurótica. La neurosis «no niega la realidad, simplemente no quiere saber nada de ella», S. Freud.
Tío Carlos: Sabemos que le gusta tener tropas disciplinadas, sumisas, obsecuentes y demás, por favor, no nos incluya a todos. Si usted -Tío Carlos- se ama y ama «su» sopa de letras, ¡vívalas frente a un cartel que diga: «Gestión Tío Carlos…»!
Gustavo Roqué

Semanario Bamba edicion 333 del Viernes 7 de Agosto del 2009-08-07

http://www.bambacarlospaz.com.ar/semana/correo_lector.htm

1 comentario:

  1. Liliana Farkas
    como siempre sutilmente el SR.Gustavo Roqué le dijo quizás lo que muchos de los ciudadanos de esta hermosa ciudad le queremos decir ,hay que saber usar los terminos del repito SR,Roqué con educación y directo a la cuestión.Felicitaciones

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