jueves, 30 de julio de 2009

A Modo De Presentación

Yo vivo acá. Conozco bien cada detalle: del barrio cuando era valle, de la costanera y sus historias de parejas y piratas, de la Isla Flotante con su trampolín al infinito cuando el lago no tenía algas, de la historia de los pájaros que ya no están pues se fugaron o los arrancaron de aquel pedazo de tierra que les queda en la Sarmiento, de esta calle que caminas en bajada volviendo de la Montaña Mágica, de los cerros envueltos en llamas días después que la nieve los vistió de blanco y de la calle céntrica que alguna vez tuvo un canal al medio... Igual que vos.

Me enamoré viendo ponerse el sol detrás de Colinas desde un sendero cerca de la Aerosilla o en la Intendente García cuando baja hacia el balneario. Pasé con diez en la Carlos Paz cuando el blanco era la ropa preferida para cada día y besé por primera vez en una escapada al matiné por 9 de Julio al fondo o en los regresos del Polideportivo. Zafé con seis en el Carande sin asustarme por esos vecinos que duermen el sueño eterno y soy feliz de a ratos en el Fantasio, en el cine, el teatro o cuando los micros comienzan a arrojar turistas frete al Palacio 16 de julio... Igual que vos.

Y me han pegado en las costillas cuando los jardines fueron carpas del feudo del agua o cuando los vecinos cortan la Cárcano reclamando que los semáforos no brillen por su ausencia; cuando un turista reclama que la atención de un comercio no fue de las mejores o por los aumentos desmedidos de algunos de los servicios; cuando no me dejan escuchar la radio que quiero porque alguno provoca interferencia o cuando no puedo enterarme de todo lo que pasa en la ciudad.


Y me han pegado en el alma cuando los jardines de la Municipalidad son obras de teatro para Semana Santa. Y me han robado la cartera en la peatonal y la ilusión de ver el Rally en nuestras calles los mismos monstruos que devoran tu esperanza y a él le quitan su ilusión en cada sesión.


Yo vivo acá. Más bien diría, sobrevivo a la inundación que escondió los puentes y la Oficina de Turismo en el último noviembre del siglo pasado. Malvivo con un cupón de estacionamiento o con lo que en el comedor del Barrio Gris consigo. Me empujan en la Fiesta de la Primavera, me expulsan de La Ciudad Perdida y me dejan afuera de los centros vecinales sin personería pero sigo... Igual que vos.


La misma luz que me engancharon en Los Algarrobos cerca del río o en los barrios que no se ven camino a Cabalango porque las prisas por llegar al balneario son más fuertes. El mismo barro en las rodillas cuando la Cárcano era un embudo o de los barrios que ya no reclaman por el cordón cuneta o porque les falta iluminación (porque se cansaron de hacerlo y conseguir nada). Las mismas pesadillas en el tránsito del verano que se mete por todos lados y los mismos deseos de tener una terminal nueva o un embarcadero en el Lago, o un lago limpio y sin algas, o una primavera sin alcohol (realmente sin alcohol)... Igual que vos.


Los mismos sueños de creer que nuestros hijos serán un día dueños de un Carlos Paz mejor como el que vi desde las butacas de un COTAP, como el que me parece que hubo antes de tomar chop de espaldas al avión. O por lo menos parecido al que viviste vos en la terminal que fue pista de patinaje, luego dormitorio de los sin techo y que ahora es teatrito de payados y artistas callejeros en cada temporada y muy distinto al que heredamos del Edu o del Cardiólogo (por solo mencionar algunos)... Igual que vos.


Yo vivo acá con una flor que robé de los jardines de Costa Azul o en las callecitas que se cortan y se pierden por playa Perelli. Con cien espinas de los rosales de la Juan B. Justo o del Cerro De La Cruz, del lamento del anfiteatro que no fue o de las vidas que casi cada verano se lleva el San Antonio... Igual que vos.


Y aunque pensemos de manera diferente cuando vamos a las urnas y yo no cambie el gusto de mis alfajores preferidos ni aunque me lo pida Dios y este domingo estés en el tablón de enfrente, yo con los azules y tú con los de Sarmiento o Los Gigantes... Soy igual que vos.


Por unos pocos minutitos de alegría me aguanto tantos días, sufro a tu lado cuando se hace larga la temporada baja, cuando no llegan las lluvias para limpiar el río o cuando las hojas ya dejaron sucia la Avenida Estrada. Reís conmigo con los artistas de la peatonal, con la lluvia golpeándote la cara en la galería sin techo o cuando las promesas van y vienen y el gas no llega a todos los barrios... Igual que vos.


Mírame bien: soy tu espejo y vos el mío...
Mis pasos siempre pasarán por tu camino aunque haya más de cien curvas o los cortes de Für lo hagan más difícil...
Aunque te haya parecido que aquel barrio de la Cárcano nunca se terminaría y hoy es una realidad.


Yo, me quedo en esta Villa... Igual que vos.

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